El Árbol que Habla
Los Surem
En el principio Itom Achay Ta’a (nuestro padre) el creador, les dio tierra a los surem, que vienen siendo los antepasados de los yaquis. En esta tierra de Sonora junto con el Río Yaqui. Lo que se les dio fue para cuidarlo y protegerlo para siempre. La tribu permanecería todo el tiempo, mientras tuvieran su tierra natal.
Los yaquis no eran como son hoy en día. Se dice que eran Surem, gentes de mediana estatura que vivían en el cerro Surem. Se cuenta que eran gente pacífica a los que no les gustaba el ruido ni la violencia.
Un día notaron que un árbol parecía hacer un ruido extraño en un lenguaje desconocido para ellos. Este árbol era un gran palo verde de color cenizo que crecía en la región de “Omteme Kawi”.
Mientras los de la aldea se juntaban alrededor, los jefes trataban de comunicarse con el árbol que hablaba, sin embargo, de nada servía porque ni el jefe más importante lograba interpretar el mensaje.
Durante ese tiempo Yo’omoli, una jovencita, secretamente le dijo a su padre que ella le entendía al árbol que hablaba. El padre al principio la ignoraba y después se irritó por la insistencia.
—Muy bien, lo harás enfrente de todo el pueblo y luego serás castigada públicamente por tu terquedad.
Entonces Yo’omoli se sentó cerca del árbol Profético que predijo para su futuro. Advertía la venida del hombre blanco con armas, decía de la contienda y derramamiento de sangre contra estos invasores y del mucho sufrir por un largo tiempo entre los Surem. El árbol dijo:
—Habrá mucho sufrimiento por años, mucho ruido y confusión, ustedes tienen que decidir qué hay que hacer, pueden escoger irse si no quieren encararse a tal futuro.
Entonces los Surem se dividieron en dos bandos. Los que no querían hacer frente a tal futuro se fueron. Se cuenta que se fueron al mar y que otros optaron por las cavernas. Los surem que se quedaron, con el tiempo crecieron altos y cambiaron a ser yaquis como son conocidos hoy y fueron bastante fuertes para combatir al enemigo.
Ahora celebran con las danzas del venado y del coyote para agradecer a Itom Achay Ta’a por su sobrevivencia.