Chokim Ania
(Universo de las Estrellas)
No hay yaqui que no se refiera a la luna como mala mecha (madre luz) o itom achai ta'a (el padre sol). Y también, claro, están los hermanos de las estrellas que son chokim aniam, el mundo de las estrellas
LA ESTRELLA FUGAZ
En ese tiempo cuando la gente yoreme vivía en la ignorancia, pasó lo siguiente:
En aquel lugar, un joven de unos rebaños cuidaba, cuando al poco rato le llegó la estrella fugaz convertida en persona, lo saludó y platicaron, poco a poco se hicieron amigos y poco después este invitó al joven a su casa. Le contó que el lugar era bonito, muy bello, que el tiempo transcurría muy lento y que las cosas materiales y los humanos no envejecían o no se echaban a perder, bueno, con ese cuento lo convenció y se lo llevó a ese lugar desconocido. Según le había dicho que estaría 7 días en aquel lugar, era la condición y se lo llevó.
Cuando ya estaba en aquel lugar, la estrella fugaz lo escondió para que no lo vieran, pero otra estrella se había dado cuenta, lo descubrió y lo sacó del escondite.
El muchacho quedó muy asustado por la acción que había hecho, lo habían descubierto y su amigo la estrella fugaz (llamado Rafael) se había marchado dejándolo solo en aquel lugar desconocido para él. La estrella fugaz que descubrió al muchacho comenzó a hacerle preguntas:
—¿Tú eres de la tierra?, Tú eres de allá ¿no? —le seguía preguntando.
Y entonces el joven contestó:
—Sí, soy de allá, de ese planeta que se llama tierra, mi amigo Rafael me trajo para que conociera este lugar pero se fue dejándome aquí, ¿qué debo hacer?
—Mira —le dijo— te voy a esconder en esta olla, aquí nadie te verá, porque a cierta persona no le va a gustar que estés aquí —Le dijo y se fue dejándole alguna comida.
Pues uno de esos días lo descubre el señor trueno, la lluvia y las estrellas comenzaron a husmear y a decir:
—Algo huelo, como si un ser humano estuviera entre nosotros.
Mientras esto se decía, comenzaron a tirar rayos justamente donde estaba la olla, pues ya lo habían descubierto y empezaron a mover aquella olla hacia todos lados con una gran espada que traía el señor trueno, de tanto movimiento lograron sacar al muchacho de la olla y empezaron a hacerle preguntas diciéndole:
—Tú no vives aquí y no te queremos aquí, no sabemos cómo llegaste, pero te marchas para donde vives, nadie había traído a ningún ser humano, tú eres el primero.
Y el muchacho les contesta:
—Sí me voy a ir, pero voy a esperar a mi amigo Rafael que no tarda en llegar —les dijo el muchacho.
—Pero mientras, te vamos a entretener —le dijeron el señor trueno y la lluvia—.
¿Ves lo que tengo?
—Sí, es una espada —les contestó el muchacho.
—Bueno, esto que ves aquí, allá abajo le llaman relámpagos y este señor es el que se encarga de echarles el agua que no ocupamos aquí y como tú eres el primer humano que ve esto, llegando a tu tierra platicas lo aquí visto para que sepan y mientras puedes andar por todos los lugares que tú quieras, mientras llega tu amigo.
Y así pasaron los siete días y por fin le llegó su amigo la estrella fugaz al mismo lugar en donde lo había escondido. El muchacho le comentó a la estrella fugaz que los señores trueno y la lluvia lo habían descubierto y que se habían enojado con él pero que lo habían perdonado y le habían dado permiso de que anduviera en cualquier lado de ese lugar. La estrella fugaz se alegró mucho pero el muchacho le dijo:
—Tengo ganas de irme ya, vámonos.
—¿Por qué? —le pregunta la estrella.
—Porque tengo ganas de ver a mi familia a mi papá, a mi mamá.
—Puedes quedarte aquí.
—No, no, tú me dijiste que solamente estuviera 7 días, se cumplieron los días y ya me quiero ir.
—Bueno, te voy a llevar.
Se fueron y la estrella lo dejó en el mismo lugar donde lo había encontrado con el rebaño. Llegó a donde vivía, pero todo parecía muy distinto, muy cambiado, ya no era el lugar de antes y cuando preguntó por ahí a unas personas sobre lo que había pasado, le dijeron que sus padres ya habían muerto muchísimos años atrás y hasta entonces comprendió que en el lugar donde había estado todo ese tiempo los días eran meses, años y hasta siglos.
Resulta que, de esos siete días en aquel lugar, en la tierra habían sido setenta años.